jueves, 17 de julio de 2008


.
A CUBA ME IRÉ
.
La madrugada del 26 de abril de 1986, se produjo el mayor accidente de la historia nuclear. El reactor número cuatro de la central de Chernobil en Ucrania, cerca de la frontera con bielorrusa, estalló liberando a la atmósfera una gran cantidad de material radiactivo, aproximadamente unas 500 veces mayor que la liberada por la bomba atómica arrojada en Hiroshima en 1945.
.
La explosión causó directamente la muerte de 31 personas y otras 135 mil fueron evacuadas. Además provocó una alarma internacional al detectarse radioactividad en diversos países de Europa. Los efectos de la emisión superaron todas las previsiones y la verdadera magnitud de los daños son todavía imprecisos.
.
Hasta entonces la posibilidad de una catástrofe nuclear a gran escala, no era más que un escenario hipotético para el peor de lo pesimistas. Sin embargo, se convirtió en una devastadora realidad que estará presente en los países afectados por cientos de años y serán varias las generaciones las que tengan que cargar con las secuelas de esta la catástrofe.
.
Miles de personas de Ucrania, Rusia y Bielorusia, las repúblicas ex soviéticas más afectadas, murieron desde entonces y millones se contaminaron por la lluvia de isótopos radioactivos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades de todo tipo son un 30 por ciento superiores a lo normal, debido al debilitamiento del sistema inmunológico. Solo el cáncer de tiroides en Bielorrusia es 285 veces más frecuente que antes de aquel trágico incidente. Los tumores tiroideos entre la población infantil se multiplicaron por 100 al igual que diferente tipos de cáncer y leucemia entre los residentes y quienes efectuaron labores de descontaminación.
.
A varios kilómetros del lugar del desastre, en un paradisíaco paraje de una isla del Caribe, miles de personas afectadas por la tragedia han sido y son aún atendidos de manera especial en el Hospital Pediatrico de Tarará, en Cuba.
-
Pocima Caribeña

Tarará, una hermosa playa ubicada a 20 kilómetros de La Habana alberga en lo que fue un exclusivo balneario residencial antes del triunfo de la revolución de Fidel Castro en el 59 a niños y adolescentes quiénes reciben gratuitamente operaciones, trasplantes de médula y prolongados tratamientos.

En marzo de 1990 llegaron a la nación caribeña los primeros pacientes mediante un programa humanitario diseñado al respecto. Y hasta la fecha, Tarará ha albergado a más de 24 mil pacientes, provenientes de Ucrania, Rusia, Bielorrusia, Moldavia y Armenia.

La mayoría son niños ucranianos afectados por la catástrofe, muchos de los cuales ni siquiera habían nacido cuando ocurrió el desastre, sufren cáncer de tiroides, leucemia, deformaciones, afecciones de la piel, atrofia muscular, trastornos neurológicos o alteraciones sicológicas.

Alrededor del 67% de los niños provienen de orfanatos y escuelas para niños sin amparo. El impacto social de la atención brindada es grande, porque estos niños no tienen posibilidades económicas para tratar sus enfermedades. Son evaluados y reciben todo tipo de tratamientos.

En este programa, el Ministerio de Salud de Ucrania paga el viaje de los niños a Cuba así como también el de sus padres y maestros, mientras que Cuba se ocupa de la atención médica, la comida y el hospedaje de los niños y sus acompañantes.

Muchos son tratados con una ingeniosa fórmula cubana: lociones de placenta humana, sol, arena y mar. Cada día, la mayoría de los jóvenes reciben tratamiento contra la caída del cabello. Se exponen durante 15 minutos a una lámpara de luz infrarroja, luego de que se les aplica en la cabeza una loción producida en Cuba con base de placenta, la pilotrofina. El pelo crece de nuevo en 60 por ciento de los casos.

Algo similar ocurre con quienes sufren de vitíligo (pérdida irregular de la pigmentación de la piel) y psoriasis (erupciones y manchas) ellos también son tratados con lociones derivadas de la placenta.
Mar, sol y un clima especial libre de contaminación, así como también ayuda psicológica, actividades culturales, deportivas y recreativas, son parte fundamental del tratamiento. Por lo que todos los días, los niños de Chernobyl se zambullen en el mar.
_________________
por Natalia Sasso
Fotó: Edgard Garrido
_________________

No hay comentarios: